martes, 25 de febrero de 2014

La pintura barroca en España (I)


El siglo XVII es el Siglo de Oro de la pintura española. 
Hay tres focos principales: Valencia, Sevilla y Madrid. La figura más importante es, sin duda, Velázquez.
Rasgos característicos:
Es una pintura religiosa. Los principales clientes son la la Iglesia y la Monarquía.  La pintura de género es escasa, y la mitológica casi inexistente. También aparecen retratos y bodegones en los que se representan objetos estrictamente ordenados.
Es una pintura en la que el realismo está puesto al servicio de la Religión. Aún así hay diferencias:
  • Primera mitad del siglo XVII. Es una pintura realista, con elementos tenebristas italianos y de severas formas y colorido.
  • Segunda mitad del siglo XVII. Es una pintura más dinámica y colorista, gracias a la difusión de los modelos rubenianos a través de las estampas y de las obras que llegan a las colecciones españolas.
ESCUELA VALENCIANA:

El iniciador fue el catalán Francisco Ribalta (1.565-1.628). Se educó en El Escorial y se trasladó a Valencia en 1.599. Su estilo evolucionó hacia un pleno realismo. Tenía un perfecto manejo de la luz y utiliza una gama de color muy cálida, con rojos intensos y carnaciones muy tostadas. Estos rasgos se dejan ver en toda esta escuela.
Una de sus obras es esta "Visión de San Francisco", en la que el santo aparece confortado por un ángel místico. El claroscuro se agudiza con el tono claro del lecho del santo, que ayuda al contraste de luces.



















Esta obra de Ribalta es "El crucificado abrazado a San Bernardo", donde las figuras emergen de la una oscuridad.

José Ribera el Españoleto. (1.591-1.652) es considerado uno de los grandes maestros del Barroco español. Nació en Xátiva y se formó con Ribalta. Marchó a Italia y se instaló definitiva,ente en Nápole en 1.616. Sus obras viajaban a España, difundiendo así el naturalismo italiano.
Su producción es esencialmente religiosa, aunque también tiene temas mitológicos.
En sus inicios, y por influencia de Caravaggio, su obra se caracteriza por un tenebrismo riguroso. Con el tiempo, su obra evolucionó hacia una obra más luminosa y con mayor riqueza cromática.
Técnicamente posee un excelente dibujo y una pincelada pastosa con la que consigue superficies ásperas en las que se adivinan hasta las arrugas de la piel.
Amante del naturalismo, no faltan entre sus obras pobres, mendigos y personajes feos y raros. Entre ellos destacan su "Patizambo" o su "Mujer barbuda".
José de Ribera 017.jpg      
Los temas religiosos de Ribera son, sobre todo, martirios. En este "Martirio de San Andrés" observamos la inspiración en Caravaggio en la composición y en las figuras, pero  la técnica es más minuciosa y los colores son más sobrios. La luz ilumina al santo desnudo mientras el sacerdote sostiene la estatuilla de Júpiter. En el "Martirio de San Sebastián" lo que ribera intenta resaltar es el movimiento y la actitud dramática del cuerpo del mártir. Las dos diagonales que tiene la composición están formadas por el cuerpos del santo una, y la otra por las figuras escalonadas desde el primer plano hacia el fondo.
   
La segunda fase de la obra de Ribera se inicia hacia 1.633. Es una etapa de éxito comercial que coincide por la influencia de la obra de Van Dyck . Se inicia una etapa colorista en la que el autor abandona los fondo negros para introducir una gama de colores cálido y fondos de paisaje. Esto dará a sus obras una nota más dulce aunque conservará su extremado realismo. De este periodo destacan su "Inmaculada " y su "Combate de mujeres".
Immaculate Conception - Jusepe de Ribera

El el "Tránsito de la Magdalena" la santa aparece radiante de Belleza mientras asciende a los cielos. Los colores son claros y de gran riqueza, pero hay un cierto tenebrismo en los contrastes de luz y sombra. El rostro es exquisito y se ha pensado que podría ser su esposa. El manto, desplegado al viento y sostenido por pequeños querubines tiene la típica composición diagonal del barroco.

Otra obra a destacar el el "Isaac y Jacob" del Prado, que tenemos abajo.










José de Ribera 054.jpgUna se sus obras más importantes es, sin duda, el "Martirio de San Felipe". Durante mucho tiempo se pensó que se trataba de San Bartolomé, pero al no aparecer el cuchillo se pensó que trataba de San Felipe. El cuadro representa el momento en que el santo es suspendido del mástil donde va a ser desollado. Lo que Ribera pretende señalar en esta obra es la impasible atención el grupo de espectadores, entre los que destaca una madre con su hijo en brazos (símbolo de la Caridad Cristiana) mirando al espectador.
Llama la atención el esfuerzo muscular de los sayones (grupo de infieles) que tiran de las cuerdas para elevar el cuerpo del santo y la profunda resignación del apóstol entregándose a la muerte.
La escena está compuesta por dos triángulos, cuyo lado común es el cuerpo del santo, marcando una diagonal. El madero al que está atado el santo es la base de otro triángulo que se sale del lienzo.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/93/El_sue%C3%B1o_de_jacob.jpg
"El sueño de Jacob" del Prado muestra un momento de la huida del patriarca en el que dormido Dios le garantizó protección para él y para sus hijos. La composición tiene forma de aspa mediante el cruce de las dos diagonales clásicas: la que señala el árbol y la que marca la figura de Jacob. El modelado de la cabeza es muy suave a causa de la luz difusa que envuelve a Jacob procedente de la escalera de ángeles. Ribera ejecuta es escalera con una delicada pincelada y tonos dorados.


ESCUELA ANDALUZA. 
 El iniciador de esta escuela fue Francisco Pacheco (1.564-1644), maestro Velázquez y de Alonso Cano. Gran admirador de Rafael, su obra se caracteriza por la influencia manierista y flamenca.
Trabajó en Sevilla, donde pronto fue eclipsado por un autor flamenco, Juan de Roelas.


De Juan de las Roelas (1.570-1.625) se sabe que estuvo viviendo en Valladolid hasta 1.604. Más tarde trabajó en Olivares, pueblo cercano a Sevilla, donde pintó varios cuadros de gran formato entre los que destaca este "Martirio de San Andrés" . En este cuadro de altar se aprecian dos planos: uno celestial lleno de ángeles músicos, niños o mancebos, y otro terrenal, con tipos realistas y cotidianos.
Los dos verdugos del primer plano que llevan la escalera tienen la misma importancia que el tema central del martirio o que la conversación que mantienen los tres personajes de la izquierda.
Fue a Madrid para ver si le nombraban pintor real, pero al no lograrlo se estableció definitivamente en Olivares.




Francisco Herrera el Viejo (1.590-1.656) fue otro discípulo Pedro Pacheco. Residió en Sevilla hasta 1.619, fecha en la que aprueba un examen de pintor y se traslada a Madrid. Allí residirá hasta su muerte.
Su pintura es enérgica y con pinceladas pastosas. Sus composiciones están muy ligadas al Manierismo, aunque consigue dotar a los rostros de individualidad y fuerza expresiva. En el lienzo titulado "San Buenaventura recibiendo el hábito franciscano" los tono predominantes son pardos y grises verdosos. Destaca la extrema variedad de cabezas que parecen verdaderos retratos populares. Se observa la gran maestría del autor a la hora de tratar los pliegues de santo, que se arrodilla ante San Francisco.



Francisco Zurbarán (1.598-1.664) es el pintor monástico por excelencia. Fue amigo de Velázquez.  Su principal cliente es la Iglesia. Su estilo muestra volúmenes simples y disposiciones sencillas.
Destacan las series monacales que realizó para diversas congregaciones (Dominicos, Mercedarios...).
Esta es la "Visión de San Pedro Nolasco" que hizo para el convento de La Merced de Sevilla.

 Son cuadros simples, dentro de la tendencia tenebrista de sus primero años, en los que predomina el blanco. Lo más destacable de Zurbarán es su capacidad para captar el misticismo de sus personajes.
El volumen de sus oras nos recuerda a Giotto o Van Eyck.






"El reflectorio de los Cartujos" narra el milagro de San Hugo en el reflectorio. Está considerada como una de las obras religiosas más importantes de todos los tiempos por la profundidad espiritual que refleja la escena.  La composición de esta obra muestra la sencillez y simplicidad típicas de Zurbarán.
Otras obras importantes de Zurbarán son "Apoteosis de Santo Tomás de Aquino", "San Luis Beltrán", "Santa Casilda"...






Alonso Cano (1.601-1.607) nació en Granada y se formó en Sevilla. Su obra es serena y refinada, con estudiadas composiciones en las que domina un dibujo perfecto. Sus producciones religiosas huyen del dramatismo propio de los pintores barrocos y muestra a Cristos de bellas y esbeltas formas y de actitud contenida.
Primera etapa madrileña  se caracterizó por un cambio de colorido, influenciado por los cuadros de Rubens. De este periodo destaca "El milagro del pozo" . En esta obra aprecien San Isidro y Santa María de la Cabeza que, tras implorar a la Virgen de la Almudena, hacen subir las aguas del pozo y rescatar al niño que se había caído en su interior. Esta obra, desde el punto de vista de la factura pictórica, tiene como base de tonos cálidos. La pincelada es de una factura libre y deshecha que en parte recuerda a la de Velázquez.
File:La Virgen con el Niño (Cano).jpg

Otra obra es esta "Virgen con el Niño" del Museo del Prado, en la que se aprecia un claroscuro suavizado.

Después de ser acusado del asesinato de su esposa y tras demostrar su inocencia, en 1.652 se traslada a Granada donde llegó a ser maestro mayor de la catedral.  En esta segunda etapa el uso del color será más suave. Sus figuras son más pensativas y tienen unas actitudes más melancólicas. De este periodo destaca "El descendimiento de Cristo al limbo" y su "Inmaculada Concepción".



Bartolomé Esteban Murillo (1.618-1.682)  nació en Sevilla y gozó de gran popularidad en toda Europa, especialmente en el siglo XVIII cuando su delicada pintura coincidió con los gustos del momento.  Gracias a su dulzura y delicadeza, Murillo supo acercar la religión a la vida cotidiana.


Una de las primeras obras del autor es esta "Sagrada Familia del pajarito" de Prado. El sentido del color es muy pobre y empastado pero sorprende el encanto de los personajes y la sencillez de la composición. El Niño es el centro de las líneas dinámicas de la composición. La Virgen y José están realizando actividades domésticas.

El Niño, lo infantil, ocupa siempre un lugar muy destacado en la obra de Murillo.



En esta "Anunciación" del Prado, Murillo ya se encuentra plenamente formado. Los colores son fluidos, la pincelada decidida y ligera. Ya no conserva restos de tenebrismo y el colorido es vivo y alegre, a base de rojo, blanco y azul.










Otra obra anterior a 1.650 es la "Adoración de los pastores" del Museo del Prado. Murillo siente predilección por las escenas del ciclo del Nacimiento.
Esta obra muestra la gran ternura a la hora de tratar a los niños.


Bartolomé Esteban Perez Murillo - Trauben- und Melonenesser.jpg


Otra obra suya, fechada entre 1.645 y 1.650 es esta "Niños comiendo uvas y melón", que se encuentra en Múnich.  Se trata de una obra de juventud que muestra a dos pícaros comiendo fruta. Destaca el naturalismo y como representa las ropas raídas y los gestos de glotonería de los muchachos.














Una de las obras más conocidas de Murillo es "El Buen Pastor", fechada hacia 1.660. Originalmente, el cuadro era más pequeño, pero se agrandó para servir de pareja al "San Juan Bautista" (en rojo). Destacan los tonos blancos y bermellón y la columna clásica en estado ruinoso del fondo que anticipa a autores posteriores como Pousin y Lorena.




Murillo es por excelencia el pintor de la Virgen como Inmaculada Concepción. Tiene cerca de treinta de diferentes calidades y composiciones. Entre ellas y fechada entre 1.600 y 1.665 está la "Inmaculada de El Escorial".  Destaca el dinamismo de los ángeles, de pequeño tamaño y en constante movimiento. Los paños de la túnica y el manto se agitan con gran dinamismo. El éxito de las Inmaculadas de Murillo radica en la belleza y juventud de sus modelos.

De esta época destaca también la "Concepción de la Media Luna".


Fechada hacia el 1.665 tenemos este "El sueño del patricio Juan y su esposa" en el que la Virgen y el Niño se aparecen al matrimonio. Su composición nos recuerda al "Sueño de Jacob" de Ribera.


"Los niños de la concha" es otra de sus obras más famosas fechada hacia el 1.670.
 
El "Martirio de San Andrés", fechada hacia 1.680,  es una obra de tema dramático, algo poco frecuente en él. Incluso con un tema como este, podemos ver escenas que restan patetismo a la escena (el perro, los angelitos...).
                                                                                                                               

















Juan Valdés Leal (1.622-1.690) es otro autor de la escuela de Sevilla. Su obra se aleja de la sencillez y delicadeza. Abruma su realismo macabro y tenebrista de la muerte como se observa en sus obras "In icto oculi" y "Finis Gloriae Mundi".

 

LA ESCUELA MADRILEÑA:

Madrid reunió a principios del XVII a numerosos pintores extranjeros cuya obra está a caballo entre el manierismo y el naturalismo procedente de Italia. Entre ellos destacan Bartolomé y Vicente Carducho.

File:Adoración de los pastores (Maíno).jpg
El autor más importante de este periodo es Juan Bautista Maíno (1.581-1649).  Hasta 1.958 se pensó que era italiano. Se cree que pudo formarse con El Greco pero no hay constancia documental. Lo que se sabe es que se formó en Italia, donde conoció las pinturas de Caravaggio. Fue discípulo de Guido Renni y Annibale Carracci, entre otros. Felipe III le llamó a la Corte para que fuese maestro de pintura del futuro Felipe IV. Allí conoció a Velázquez.
Entre sus obras destaca esta "Adoración de los pastores" del Museo del Prado.












En la segunda mitad del siglo XVII se constituye la escuela madrileña con Fray Juan Rizzi y Francisco Herrera el Joven.
Esta escuela es amante del movimiento, del colorido y de la pincelada suelta. Mezcla los colores venecianos y flamencos.

Francisco de Herrera el Joven (1.622-1.685) era hijo de Francisco Herrera. Nació en Sevilla y fue a formarse a Italia. A su llegada a la Corte hacia el 1.654 trajo el dinamismo colorista del barroco decorativo italiano. Ese es su "San Hermenegildo triunfante" de el Prado.


Juan Carreño de Miranda (1.614-1.685) se formó en Madrid con Pedro de Vuevas y Bartolomé Román. Empezó a trabajar temas religiosos hasta que fue nombrado Pintor del Rey en 1.669. Hizo carrera administrativa en Palacio, como Velázquez, y en sus retratos plasmó a los últimos Austrias.
Basten como ejemplos estos retratos de Carlos II y Mariana de Austria.



















Claudio Coello (1.642 - 1.693) es el pintor más singular de la escuela madrileña. Alumno de Francisco Rizzi, asimila su barroquismo y lo enriquece con un cuidado dibujo.  Coello estudió de las Colecciones Reales los cuadros de los pintores venecianos y flamencos. Con su compañero y amigo José Jiménez Donoso practicó la pintura al fresco.
Fue nombrado Pintor del Rey en 1.684 y Pintor de Cámara en 1.685. En ese mismo año ejecutó su obra maestra: "La adoración de la Sagrada Forma" de la Sacristía del Monasterio de El Escorial.
En esa obra asimiló las enseñanzas de Velázquez en cuanto a la perspectiva aérea o expresión del marco ambiental, el naturalismo de los retratos y dignidad de los personajes.